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jueves, 20 de abril de 2017

La triste historia familiar que Fernanda Ramírez reveló en redes sociales

 Un crudo momento familiar dejó al descubierto en Instagram la actriz de “Perdona Nuestros Pecados” Fernanda Ramírez. Y es que a través de la red social entregó detalles de cómo conoció a su padre cuando tenía 16 años.



El día que conocí a mi papa a los dieciséis años, caminé de vuelta a la oficina de mi mamá por la calle bandera. Subí hasta el piso 11 donde ella trabajaba y solo cuando pude encerrarme en la oficina de su jefe, que como era de costumbre no estaba, lloré. Lloré amarga, desgarradora y desconsoladamente como solo una adolescente con el corazón roto puede hacerlo , comienza el escrito de quien interpreta a “ Augusta ” en la nocturna de Mega.
Continúa el texto, indicando que en algún momento mire para abajo por el gran ventanal de la oficina, veía los mares de gente desplazándose de un lugar a otro, esquivándose y chocando al mismo tiempo, sin mirarse jamás. Cada uno caminando a toda velocidad hacia su objetivo. Somos como hormigas, pensé. Pensé también: si yo me tirara ahora y quedara reventada en el piso, me recogerían las hormiguitas para llevarme de vuelta al hormiguero? .

Tras publicar la imagen, muchos fans le entregaron su apoyo, aunque ella no aclaró si se trataba de su propia historia . Lo cierto es que hace algún tiempo, Fernanda reveló en una entrevista algunos detalles de su vida familiar, indicando que fue una buena infancia, fue bonita, pero fue súper solitaria. Siempre he vivido con mis abuelos y mi mamá. Mis primos tienen 10 años de diferencia conmigo, tanto los mayores como los menores, por lo tanto me crié súper sola y además vivo en un lugar donde hay tres casas y no podía salir con los vecinos ya que mi mamá era súper sobre protectora porque soy hija única, mi papá no está presente tampoco, entonces fue una infancia súper sola donde me dediqué mucho a leer , consignó Ar13.cl.
t O C El día que conocí a mi papá a los dieciséis años, camine de vuelta a la oficina de mi mamá por la calle bandera. Subí hasta el piso 11 donde ella trabajaba y solo cuando pude encerrarme en la oficina de su jefe, que como era de costumbre no estaba, lloré. Lloré amarga, desgarradora y desconsoladamente como solo una adolescente con el corazón roto puede hacerlo. En algún momento mire para abajo por el gran ventanal de la oficina, veía los mares de gente desplazándose de un lugar a otro, esquivándose y chocando al mismo tiempo, sin mirarse jamás. Cada uno caminando a toda velocidad hacia su objetivo. Somos como hormigas, pensé. Pensé también: si yo me tirará ahora y quedara reventada en el piso, me recogerían las hormiguitas para llevarme de vuelta al hormiguero? ak.